10 pasos para mujeres que desean desarrollar su potencial en algún momento

 Wilhelm Busch dijo que la envidia es la forma más honesta de reconocimiento

Mientras que tener celos significa ‘‘quiero tener lo que tú tienes’’, ser envidioso/a significa ‘‘quiero tener lo que tú tienes, y ¡no quiero que tú lo tengas!’’. Si los celos añaden un poco de sabor al plato, como la sal y la pimienta, la envidia supone vaciar el pimentero entero encima de la comida.

Es más, la envidia indica falta de autoestima, y apunta a la autocompasión, algo que resulta del compararse con los otros y sentirse en desventaja.

Y también a la inversa: si nos sentimos envidiados, hay una confesión oculta de que nos sentimos mejores, más exitosos/as e incluso más afortunados/as. Al menos en un primer y superficial vistazo. No obstante, si observas con más detenimiento las leyes espirituales, descubrirás que todo lo que nos sucede es el resultado de la ley de causa y efecto.

La envidia no es buena porque…

  • es más positivo centrarse en la propia vida, necesidades y éxitos
  • eres más feliz cuando estás satisfecho/a con lo que tienes
  • es mejor concentrarse en tus habilidades y talentos en vez de observar a los otros
  • es mejor definir baremos y prioridades personales
  • la envidia puede destruir relaciones, algo que seguramente no quieres
  • la envidia debilita la autoestima, la valía personal y la confianza en uno/a mismo/a; que es lo último que quieres

      REFLEXIONES SOBRE EL TEMA DE LA ENVIDIA

  • Nadie sabe lo que sucede en la privacidad de otras personas. Quizá paguen un alto precio por su éxito.
  • La envidia es veneno. Tiene un efecto directo en tu cuerpo y lo debilita. Nelson Mandela dijo una vez que la envidia es como beber veneno esperando que mate a tus enemigos. ¡La envidia siempre trabaja en tu contra!
  • Si eres envidiado/a, no te sientas ofendido/a o enfadado/a. El exitoso presentador alemán de televisión Robert Lembke solía decir ‘‘La compasión se obtiene gratis, la envidia hay que ganársela.’’.
  • Obsérvate y reconoce en qué situaciones sientes envidia y por qué. Solo cuando veas a través de tus patrones de conducta, podrás trabajar conscientemente en ellos.
  • Admite tu inseguridad, frustración y autocompasión en relación con la envidia. ¡No te avergüences! Cuanto más reprimas estas emociones, más te hundes en la espiral de la envidia.
  • Cambia tu punto de vista en la vida y deja el papel de víctima. Mientras creas que fuiste un/una niño/a desaventajado/a y que aún lo eres como adulto/a, siempre envidiarás a otras personas. Comprende que las vidas de otras personas, que probablemente envidias, no son perfectas ni carecen de problemas.
  • Deja de pensar en lo que es justo o no. No conoces el plan superior que hay detrás de las vidas de las personas. No tienes ni idea sobre sus tareas de aprendizaje y pasos hacia su desarrollo y qué retos tienen que afrontar. Quizá las tareas de aprendizaje más duras para ellas, resultan fáciles para ti.
  • Ten el valor de cambiar tus condiciones de vida si no eres feliz. Quejarse, envidiar y lamentarse solo te restan energía, y no sirven para nada. Así que bueno, como dice el refrán: ¡cámbialo, ámalo o déjalo!

 

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