“¡Saludos! Soy el ángel Lyrael. Me encargo, entre otras cosas, de daros estabilidad, acompañaros y apoyaros en los momentos en los que los demás no os proporcionen la seguridad necesaria, o en los que no podáis hacer frente a las consecuencias de las decisiones que habéis tomado.

Antes de esta encarnación vinisteis de otro plano de existencia divina. A menudo describís ese nivel como el ‘Cielo’, un término que utilizaremos en este mensaje. En esa dimensión existíais como seres multidimensionales, sin preocuparos por el tiempo y el espacio, dotados de consciencia divina. Os comunicabais con nosotros, los ángeles, con los Maestros Ascendidos y otros seres multidimensionales en un mismo nivel, intercambiando puntos de vista.

Un día decidisteis volver a la Tierra para comenzar una nueva encarnación. Junto a vuestro Ser Superior, vuestros ángeles de la guarda y otros seres elegisteis vuestro nuevo plan de vida. Decidisteis cuáles de vuestras habilidades traeríais con vosotros, cuáles serían fuertes y cuáles estarían ocultas. También decidisteis qué desafíos o dificultades tendríais que hacer frente en vuestra nueva vida para crecer y evolucionar. Y, por supuesto, también decidisteis qué personas os acompañarían y con quién compartiríais vuestras experiencias y procesos de aprendizaje. Esto también incluye, como es natural, al hombre y a la mujer que se convertirían en vuestros padres biológicos.

Y eso es precisamente lo importante. Vuestros padres son almas como vosotros. Para convertirse en seres humanos, ellos también cubrieron su conciencia con el velo del olvido, con todos los errores y debilidades que conforman la vida humana. Desde un plano superior, llegasteis a este acuerdo con ellos antes de que encarnaran.

¿Por qué quiero transmitiros todo esto? Porque deberíais entender que ni existen los padres perfectos ni tampoco podrían serlo, ya que os perderíais una parte importante de vuestras experiencias de aprendizaje. Dependiendo de vuestros planes para esta encarnación, la relación con vuestros padres sería más fácil o más difícil. Intentad ver esto desde un punto de vista más elevado. Es mi labor proteger a los niños en momentos difíciles en los que se sientan incomprendidos, aislados y solos, y darles el calor que no reciben de sus padres y de otros adultos. ‘¿Y de qué me sirve a mí saber esto como adulto?’, os preguntaréis. Vuestra alma no conoce el tiempo y el espacio, y por eso puedo ayudaros a resolver estas carencias de forma retrospectiva, a transformar bloqueos y traumas que vienen de vuestra infancia. ¡Mi energía almacenada en el símbolo angelical puede ayudaros a ello!’’

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