Las palabras de KRYON dicen que la frecuencia de nuestra realidad se ha modificado. Que nuestros métodos de sanación seguirán funcionando, pero cada vez abarcarán menos, a no ser que nos pongamos a buscar la nueva frecuencia en la que se activarán. [1]

Cuando uno quiere tratar el tema de la espiritualidad y la sanación de una forma más intensa, no se salta el término “ADN sutil”. ADN es la abreviatura para ácido desoxirribonucleico y se encuentra en el núcleo de las células como transmisor de información del genoma (información genética) en el núcleo de las células. Una molécula de ADN consta de dos hebras que se enrollan helicoidalmente o en espiral, una alrededor de la otra, conformando así una doble hélice. La información genética de un humano se encuentra codificada en el ADN (eso dice la ciencia actual; el Dr. Bruce Lipton ya lo ve un poco diferente). Esa opinión también la tiene KRYON, que desde hace casi veinticinco años trata de transmitir las siguientes informaciones, que naturalmente no son científicamente demostrables.

 Cada hebra de ADN densa, física, está rodeada por capas energéticas. En total se habla de doce capas de ADN, de las cuales es la primera capa, la hebra física de ADN, la que el hombre conoce y que se llama genoma. Nota: En algunos libros se habla a menudo de las doce hebras de ADN, probablemente se trata de un error de traducción.

A estas capas de ADN se las puede imaginar uno –como modelo conceptual- como capas del aura que se mueven y se unen entre sí. Así, por ejemplo, el registro akásico personal (un pensamiento colectivo cósmico con el que todos están conectados) está situado en la octava capa del ADN sutil, por citar un ejemplo.

Cada hebra de ADN denso y sutil, a su vez está rodeada por un manto cristalino sutil, que está conectado física y energéticamente con el campo magnético terrestre. Si se eleva la frecuencia del ADN de una persona mediante su desarrollo espiritual, este aumento de vibración se transmite a través del sutil manto cristalino de ADN al campo magnético de la tierra y allí produce, igualmente, un aumento de la frecuencia.

De la misma forma ocurre en sentido inverso: cuando la tierra experimenta un aumento de vibración del exterior, debido por ejemplo a las erupciones solares, las frecuencias más altas resultantes se transmiten por el campo magnético terrestre al campo magnético del ADN, el manto cristalino, y provocan que a su vez el ADN humano inicie una vibración sutilmente superior. El desarrollo espiritual de los humanos está, por tanto, en estrecha relación con el desarrollo espiritual de la tierra, el proceso de transformación mundial. Desde una perspectiva espiritual, las sutiles capas del ADN resultan por tanto la base del desarrollo espiritual, lo que en última instancia puede conducir a la iluminación.

[1] Carroll, Lee: Kryon XI – Levantar el velo.

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